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martes, 15 de noviembre de 2011

ABRIR LAS ALAS.



Estoy cansada,
de esperar y nadie llega.
Estoy cansada de mirar las lunas,
de invocar a los dioses
 y a los espíritus del agua,
del fuego, del aire y de la tierra.
Estoy cansada de tanta soledad
que me acompaña,
de tanto silencio que me grita,
de tanta sombra que me envuelve.

Mis alas están rotas
después de tanta recaída.
Necesito tela de araña
para tejer las plumas de mis alas.
La luz azul de los bosques
 tiñe mi piel nacida del alba.
La luna de nácar
se abre camino entre las ramas.
Tú  apareces en los espejos del rocío.
Todos los seres mágicos
se han escondido
y el tiempo parece haberse detenido.

Quiero volar, volver a la luz.
La noche es tan oscura.
Estoy cansada de girar,
de vagar en un laberinto
cercado por lobos
y aguas estancadas
 de un río
que quiere huir entre las cañas.
Estoy cansada de habitar
los mismos parajes solitarios,
de dibujar palabras
con piedras astilladas
por la erosión de los vientos
en un intento de establecer contacto
con la vida.
Estoy cansada de clavar las huellas
en las cenizas.
Estoy cansada de cederte el paso,
de inclinarme ante tu presencia
y seguirte a ninguna parte
porque no, no verás la salida
a no ser que abras tus alas.

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