Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Una punzada se me clava

Una punzada se clava
en mis entrañas;
de pronto se me corta
el cordón umbilical
y un amargo trago
de cicuta paraliza mi latir.
La luz estival me golpea.
Una tormenta de arena avanza
por el sendero por el que la parca
te viene a buscar.
Y tendré que levantarme
y seguir arrostrando tu partida
con el dolor de los recuerdos
que empapan el campo que labraste
con tu magnánimo amor de padre.
Permaneceré escuchando los acordes
de tus sabias palabras
en el columpio de la existencia.
No te vayas aún, 
no mires a la cara
a la muerte.
Déjala que siga esperando,
será paciente.
Vive un poco más
porque tu amor nos alimenta.
Una punzada se me clava
y el aire se me escapa.
El cielo azul  resplandece
y todo a mi alrededor se envuelve
con su luz blanca
que me deslumbra y me hiere.
De pronto el cordón umbilical
se ha cortado por sorpresa.
Necesito que me acunes un día más,
una semana, un mes, un año…
que sigas nutriendo con tu amor
mi vida y mi esperanza.
Y sin embargo, no he de tener miedo
y, si existe el cielo,
los ángeles te guiarán
por ese sendero
de nubes de algodón
hacia la vida eterna
en la que has creído.
Una punzada 
en mis entrañas

se clava.

Aún soy un niño.

No volverán los hombres

 
La estación de Cheimón
 cierra el mar
a las ligeras naves de brea.
En el horizonte
Venus posa
con un ramo de mirto
sobre las olas
 con las mejillas vueltas
 hacia mi baranda.
Rendida caigo
 bajo el dintel
de mi puerta.
No volverán los hombres
 que surcaron los mares
 en raudos bajeles.
Oscuro velo
 levanta la niebla
 en los muelles.
Yo, ignorando a la muerte,
busco el horizonte
por si vuelven.




EL BÓREAS


El Bóreas embiste cruel
sobre el puerto
y las arenas,
erosiona los riscos,
 remueve mi lacia cabellera.
Solemnes se recogen
 las amarras
y giran las poleas,
 se levantan las anclas,
 se despliegan las velas
y parten los veleros
 abandonando la ribera.
El Bóreas embiste cruel
 sobre las olas.
Se alzan salobres espumas
 y algas negras
emergen del fondo fiero.
El indómito mar
 es para los hombres
 su tumba y su universo.
El bóreas embiste cruel
mientras en mi desamparo
te espero.


martes, 15 de noviembre de 2011

LLUEVE

Llueve. La tierra tiene ese olor que nos gusta.
Llueve. Se ha enfriado mi cuerpo
que hervía de febril bochorno.
Llueve. Ya no queman los guijarros
 de los caminos que se pierden
 al quedar intransitables por las montañas
 y podemos descalzarnos
y sentir el contacto
con el barro de la tierra.
Llueve. Ya el estío
se va como el alba en su velero
a otros lugares que tú y yo
aún desconocemos.
Me gusta el sonido de la lluvia
cuando caminamos,
por la cintura cogidos,
 sobre las secas hojas
de los carrascos pinos
arrancadas por los primeros vientos.
Me gusta descubrir el mundo
como si acabásemos de nacer
y todo nos fuera nuevo.
Me gusta el latido de mi corazón
acompasado al pulso de tu sangre.
Sentirme mujer sabia y hermosa;
desatar mis instintos más primitivos
y amarte, una vez más amarte
con toda la pasión de mi género,
como si la muerte fuera el destino.