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martes, 13 de mayo de 2014

UNA PUERTA QUE SE LLAMA ALAS.



"Yo conozco tus obras. He aquí que puse delante de tus ojos abierta una puerta que nada ni nadie podrá cerrar". Capítulo III, versículo 8, del Apocalipsis 

Esa puerta en cultura es la libertad del ser humano para entrar a buscar su verdad, su pensamiento a través de su creatividad. Esa puerta, hoy, aquí, se llama ALAS. Nombre simbólico y elevado, muy elevado, pues sólo puede estar en movimiento cuando esas alas permanecen abiertas, todo un símbolo, toda una alusión espacial, dinámica y exenta de barreras, como es el amor del que en su libro nos habla Irel, como es la palabra, las miradas, la inteligencia y la generosidad con la que camina la mujer.

Los símbolos son todo un mundo de imágenes y significaciones para el hombre y para la mujer, pues el hombre y la mujer viven en un mundo de símbolos porque un mundo de símbolos viven en ellos.

En esas  páginas de ALAS hay toda una ensoñación, también toda una realidad y apuesta por la vida. ALAS representa la superación del ser humano buscando siempre acercarse a la luz.

Irel ha desposeído de dramatismo ese mundo complejo que es la relación de pareja, ubicado, a veces, en zanjas y dorsales casi imposibles de bucear o penetrar. Ha optado, sabiamente, por abrir la puerta  de la libertad, de la palabra que toda mujer, desde su inteligencia, su sensibilidad y sabiduría sabe asentar.

No ha utilizado el rigor de nombres y fechas sino, con tacto y dulzura ha transformado en Literatura, y de forma amena y sencilla, el mensaje subliminal de su libro que es afianzar la valía intrínseca de la mujer, su derecho a regalar y entregar tanto como a ser valorada y recibir. Para ello ha cogido por banda la esperanza, el equilibrio y la belleza.

ALAS, que he leído con detenimiento y afán de aprender es un ensayo que desde lo más sencillo, real y repetido su autora ha sido capaz de transformarlo en un manual de conducta, en una puerta abierta que nada ni nadie podrá cerrar.

Muchas gracias, Irel, por tu libro ALAS, muchas gracias por ser capaz de  hacer dulce  y poética literatura de un tema tan  doloroso como es no ver en la mujer una luz, sino, a veces, sólo un  medio de apagar y ensombrecer.
Isabel Mira Ortiz, Historiadora.




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